LA LIBERTAD DE EXPRESION SOLO ES JUSTIFICADA EN EL OTRO

Dec 122008

Articulo publicado en diarios mexicanos en el dia de la declaración universal de los DDHH el pasado 10 de diciembre.

LIBERTAD DE EXPRESION Y VIOLENCIA

Los pueblos se construyen a través de las palabras. Ellas crean el imaginario de lo posible y lo imposible. Ellas determinan la distancia que separa la utopía de la realidad, la misma que la construimos no solo por lo que decimos sino también por lo que toleramos que digan los demás. Mi libertad de expresión por lo tanto no se perfecciona en un solo acto: el decir; sino que alcanza su real sentido en consentir que el otro tiene la posibilidad de mejorar, corregir y enriquecer mi propio pensamiento. Somos libres por lo tanto y en relación con el otro. No hay una libertad individual absoluta sino aquella que se corresponde con las otras libertades que estamos dispuestos a asentir y tolerar incluso cuando colisionan contra nuestro propio pensamiento.

El vivir en sociedad implica por lo tanto un rasgo de alteridad, de ponerse en el lugar del otro, de enriquecerse con el otro. No pueden llamarse democracias aquellas naciones donde se proscribe el verbo o donde la persecución del que piensa distinto a mí se justifica en la manifestación del poder circunstancial que ejerzo. No hay garantías para ningún gobernante democrático que aquellas que se cimienten sobre la tolerancia y la crítica. La misma que nos fuerza a ser creativos como diría Octavio Paz, la misma que nos permite crecer en el otro y crecer con el otro. Los pueblos se hacen sobre la gran batalla de no limitar las verdades a las de uno. Ellas han traído a lo largo de la historia la ignominiosa carga del miedo, la persecución, el exilio o la muerte. Ellas han terminado por proscribir la palabra a largos silencios, a miradas perdidas y a sociedades ignoradas. La libertad de expresión es el símbolo más grande de la humanidad porque es permisiva, tolerante y solo justificable en el otro. No podemos entender esta libertad sin denunciar con fundamentos, sin criticar con conocimiento o sin investigar con rigor. Las sociedades libres son aquellas que no toleran el rumor sino que fuerzan a que la verdad emerja como fruto de una investigación que no corra el peligro ni del miedo y menos aun de la muerte. Una sociedad se merece una libertad de expresión rica y enriquecida en la tolerancia, un poder democrático que crezca incluso ante el ardor de la polémica porque a veces en los mismos excesos hay rasgos de la verdad que desea emerger y que a veces no puede.

Los ciudadanos que han rescatado el verbo son aquellos que se interesan en la vida pública. Los que participan, los que eligen más que votan y los que en realidad sienten que la res pública es un compromiso colectivo no solo de aquellos que han sido electos para gobernar circunstancialmente. Los pueblos tienen los gobiernos que se les parecen. Si vemos que la secrecía, el rumor o las amenazas a la emergencia de la verdad se imponen sobre la libre discusión de las ideas, el entrecruce de visiones distintas o el enriquecimiento en el disenso, estamos abriendo cauces para que la violencia sustituya a la resolución pacífica de los conflictos que es una de los grandes aportes de la libertad de expresión.

Aquellos pueblos que han proscripto el verbo son los más violentos del planeta, los mas sometidos a crueles dictaduras o los mas humillados en su dignidad creativa. Si ambicionamos sociedades más justas debemos luchar por la libertad de expresión del otro, del que nos devuelve como un espejo lo que somos y el que nos permite proyectar su visión en un colectivo nacional esperanzador y no temeroso ni a la persecución ni a la muerte.

Nos debemos como seres humanos una libertad de expresión correlativa en el otro, rica en matices, contrastada en el diálogo e incluso en la polémica y fortalecida en la capacidad humana que hace de ella el basamento de su realización más plena.-

BENJAMIN FERNANDEZ BOGADO

KNIGHT INTERNATIONAL JOURNALISM FELLOW

MEXICO 2008